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Cómo presentar un trabajo: 10 claves para el sobresaliente

Los trabajos, ya sean individuales o en grupo, suponen una parte fundamental de cualquier carrera o curso formativo. Algunos estudiantes los odian y otros los prefieren mil veces antes que los exámenes, pero todos ellos tienen que hacerlos antes o después durante la carrera. Por eso, saber cómo presentar un trabajo escrito (y no solo cómo hacerlo) es indispensable para redondear nuestra nota.
Lo cierto es que el contenido suele ser lo esencial dentro de este tipo de tareas, pero la apariencia, orden y primera impresión resultan igualmente indispensables si queremos optar a mejorar nuestras calificaciones. Cada asignatura y profesor son un mundo: la importancia del apartado estético dentro de nuestras tareas dependerá, lógicamente, de lo que estudiemos.
Por ejemplo, normalmente no será igual de relevante en Bellas Artes que en Derecho. Además, la seriedad de las prácticas también influye, pues nada tiene que ver la libertad de la que puedes gozar a la hora de realizar un trabajo optativo de 10 páginas para subir nota, con el formato más sobrio y académico de un TFG.
Sea como fuere, una buena presentación siempre suma y hay una serie de requisitos mínimos innegociables que se pueden extrapolar a casi cualquier materia o estudio. En Wuolah hemos querido elaborar un decálogo con consejos básicos para que aprendas cómo presentar un trabajo y evites que pequeñas minucias te estropeen tantas horas de esfuerzo.
 

Cómo presentar un trabajo.

 

1. Los folios siempre bien juntitos.

 
Los docentes reciben cada cuatrimestre cientos de folios y hojas de trabajos. Que se le puedan traspapelar, perder o mezclar algunos es completamente comprensible, y entre esos “algunos” podría estar el tuyo. Si tu trabajo está bien grapado, anillado o encuadernado, no solo será más cómodo de leer y corregir para el profesor, sino que además previenes este tipo de ingratas tesituras. Evita los clips que pueden caerse fácilmente o los plásticos que obligan al corrector a sacar y manejar las páginas sueltas de tu práctica.
 

2. No es necesario encuadernarlo todo, pero…

 
Piénsatelo seriamente para según qué tipo de entregas. Como es obvio, encuadernar en condiciones con anillas, tapa y contraportada, te va a costar más pasta que entregar tu trabajo “a pelo” con una grapa rancia en la esquina. Sin embargo, siempre te va a distinguir de la inmensa mayoría de alumnos que no lo hacen. Si tu trabajo es un desastre, encuadernarlo no te va a servir de mucho; pero si te lo has currado, probablemente merezca la pena entregárselo a nuestro evaluador en un formato más cuidado.

 

3. Aprovecha los pies de página.

 
En el margen inferior de las páginas de nuestro trabajo podemos incluir un montón de elementos útiles para el lector, entre los cuales destaca principalmente la numeración de las hojas. Resulta esencial a la hora de organizar el trabajo, pues la necesitaremos para elaborar el índice y contribuye a que el que lee no se pierda. También podemos incrustar aquí notas al pie y acotaciones sobre algo mencionado en la propia página, el título del trabajo o del epígrafe, e incluso el nombre del autor del ensayo. Es algo que hoy en día cualquier herramienta de texto permite hacer fácilmente y que denota cierto esfuerzo por ordenar y embellecer nuestro trabajo.

 

4. Fuente de la letra acorde al discurso.

 
El tipo de letra es algo que en muchos casos suele concretar el propio profesor. Si no es así, te advertimos de que debes cohibirte a la hora de seleccionar fuentes demasiado fantasiosas. Puede que la Comic Sans sea muy cuqui y redondita, y puede que quede fantástica en la felicitación de cumple cutre que le has preparado a tu tita, pero quizás no sea la más adecuada para ese trabajo de Álgebra Lineal que vale 6 puntos en la evaluación final. Opta por fuentes sobrias para el cuerpo de texto, como Arial, Calibri o Times New Roman. Son típicas, pero facilitan la lectura y juegas sobre seguro. Para los títulos, epígrafes y subapartados podrías probar otras letras más diferentes, aunque procura que no sean demasiado gruesas, redondeadas o llamativas. Ya es tu labor decidir qué clase de letra es la que mejor combina con la temática de lo que estás contando.

 
Cómo presentar un trabajo
 

5. Tamaño de la letra e interlineado discretos.

 
Este asunto es todo un clásico a la hora de estirar como chicles trabajos que se nos quedan cortos. A pesar de que los profesores también nos transmitirán casi siempre sus preferencias en este sentido, has de saber que usar un tamaño de letra superior a 12 es como estar diciendo a gritos “he empezado la noche de antes y no sé que demonios poner para rellenarte 30 páginas y que me apruebes”. El interlineado suele usarse a 1,5 líneas para que el cuerpo de texto quede limpio y desahogado, aunque puedes reducirlo según tus necesidades.
 

6. Portada original para destacar entre la multitud.

 
Imagina tener sobre una mesa 80 trabajos de 25 páginas sobre temas prácticamente calcados y que ya te sabes de memoria. Imagínate, también, que los tienes que revisar todos pormenorizadamente a pesar del nulo interés que te despiertan, para después calificarlos. E imagínate que, entre todos ellos, solo uno tiene la portada impresa a color y con un diseño propio medianamente elaborado. ¿Cuál de los 80 trabajos partirá con ventaja? ¿Cuál se leerá con más ganas e interés el profesor? Pues eso. Dedícale 10 minutos a la primera página de tu trabajo en Photoshop, Quark, Illustrator o similares y marca la diferencia respecto a los demás. Y ya si te sientes inspirado y con ganas, y te animas a maquetarlo por completo… Ahí ya demostrarás estar hecho de otra pasta (tranquilo, más abajo puedes descubrir los mejores programas para hacer presentaciones).
 

7. Un buen índice para ordenarlo todo.

 
Cualquier trabajo con un mínimo de seriedad debe estar guiado por un buen índice. Un índice claro y conciso que debe ubicarse en la segunda página de la práctica, tras la portada (y tras la página de cortesía en blanco, si deseamos incluirla). Este apartado debe contener todos los puntos y subpuntos que estructuran el trabajo ordenados de manera cristalina, junto con sus respectivas páginas de inicio. No importa si no te queda especialmente bonito, si te ocupa más de una página o si te deja mucho hueco en blanco en la hoja, pues lo que prima en este caso es la claridad y utilidad.

 

 

8. La guinda del pastel: una bibliografía a la altura de tu trabajo.

 
Uno de los apartados que más pereza suele dar, pero que más vital resulta a la hora de otorgar cierta profesionalidad y formalidad a nuestro trabajo, es el de las referencias bibliográficas. Si quieres hacer un trabajo en condiciones deberás referenciar y citar todas aquellas fuentes de las que hayas extraído directamente información o archivos, y ceñirte a alguna normativa en concreto, como la normativa APA (¡y cuidado, que se actualizan anualmente!). Redactar trabajos es, hablando en plata, un pelmazo, pero es la forma más transparente de emplear opiniones y citas de otros autores. No hacerlo puede suponerte problemas de plagio y suspensos inmediatos, así que tenlo en cuenta a la hora llevar a cabo tus ensayos. También puedes recurrir a notas al pie y enlaces externos, depende de la tipología de práctica que se nos demande. Este apartado debe ser el que cierre nuestro trabajo.
 

9. Inspírate aprendiendo de los que saben más que tú.

 
A veces, por más vueltas que le demos, no somos capaces de crear ningún diseño o presentación que nos convenza. En ese caso, antes de seguir obcecados y atascados, lo más conveniente suele ser despejarse unos minutos y, a continuación, buscar otros ejemplos que puedan darnos ideas. Puedes pedirle a compañeros de confianza que te dejen echarle un vistazo a sus trabajos, puedes buscarlos en la web o directamente en Wuolah. No se trata de copiar, ni mucho menos, sino de ampliar nuestras fronteras y barajar más opciones de las que originalmente contemplábamos. Coge un caso de éxito de algún estudiante o experto, aplícalo a tus necesidades y dale tu toque personal. Si todavía no somos unos cracks a la hora de presentar nuestros proyectos, habrá que aprender de los que sí lo son, ¿no? En eso consiste la educación, al fin y al cabo.
 

10. Las indicaciones del profesor van a misa, pero tienes margen para lucirte.

 
Es importantísimo que tengas en cuenta una cosa: todo lo que en este post te hemos contado puede resultarte de gran utilidad, pero estará siempre supeditado a lo que tu profesor te indique en clase. Si él o ella quiere que uses Calibri 8 con interlineado de 1,15 sin imágenes ni márgenes, deberás hacerlo así. Da igual que te sangren los ojos o que el pequeño diseñador precoz que llevas dentro agonice. Él o ella serán la persona que te evalúe, así que no te la juegues anteponiendo tus gustos o criterios.
Eso sí, más allá de las premisas que el personal docente de tus estudios te pondrá por delante, siempre existirá un margen de libertad en el que podrás moverte para dejar tu sello particular: si el trabajo escrito debe ser estéticamente yermo, prepárate una presentación en clase chula. Si no puedes meter ni un poquito de fantasía en tu Trabajo Fin de Grado porque tu tutor te riñe, haz un pedazo de póster o diseña una carátula guay para el CD donde entregarás la versión digital del trabajo. Cualquier detalle cuenta. Siempre se puede hacer mejor y más bonito. Incluso si tu profe es de esos que te dan la oportunidad de entregarle borradores antes de hacerle llegar la versión final, no desaproveches la oportunidad y deja que te marque el camino. Como comentábamos unas líneas más arriba, al final el que te pone la nota es él.
 
Y esto es todo lo que desde Wuolah te recomendamos para saber cómo presentar un trabajo correctamente, a partir de aquí te toca trabajar a ti. Esperamos haberte sido de utilidad… ¡A darle caña!